Entre Dante y las Beatrices

Hoy, después de algún tiempo comprendo. Decía Dante Alighieri: Las Beatrices suscitan amores sin límite, inacabables.

Ahora lo sé, mientras por mi ventana veo una tarde tupida de nubes, justo como lo hacía Il Postino, pensando en italiano, en la mia Beatrice, igual que Mario Roupulo, con tangos de fondo. Toda ella a la distancia es poesía, pienso en su sonrisa y coincido con Neruda: Su sonrisa se expande en su cara como mariposa en vuelo. Un vuelo distante que no vendrá a mi, que surca los aires de mis acantilados, un vuelo que quizá jamás llegue de nuevo a mi santuario.

Pero que delicia es esperar el momento de dormirse, soñarla cada noche sin falta, como quién acude a una cita exacta, el verle esos ojos encendidos con ese amor de ante, ese amor eterno que nos profesamos, sin decir una palabra al respecto, ese amor que se esconde, que no muere.

Ansío verla, de frente buscando mis brazos, riendo o al menos verla de lejos como un amante prohibido, como un Romeo entre la noche, asechando, pero vuelve el tango y toca El Garufa que me mata de a poco pero me hace sentir vivo, recordando cuando bailábamos y montábamos coreografías, ese tanguito nuestro, como tanguera ha sido nuestra historia, cuanto dolor, cuanta belleza.

En el barrio la Mondiola

Sos el mas rana

Y te llaman Garufa, por lo bacán…

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