Esquela

El teatro mexicano está sufriendo. La congoja no puede ser suave, ni a modo de sollozo, es un grito abierto que estremece todos los escenarios de este país. Ayer el maestro Víctor Hugo Rascón Banda falleció después de un largo padecimiento de leucemia. La última vez que vi al maestro Rascón fue en Monterrey, en el Encuentro Internacional de Escritores, le pregunte por su salud y me dijo que él se sentía bien, y que su cuerpo le creía a ratos. Norteño, de carácter, siempre tan firme en sus convicciones, defenciendo los derechos de los escritores al frente de la SOGEM por tantos años, afable y siempre con tiempo para responder o bromear un poco. una gran persona y sin duda un artista mayor.

http://www.sogem.org.mx/

Un día antes partió también Alejandro Aura, poeta, dramaturgo y promotor cultural, dejando un poema de despedida grandioso, que comparto con ustedes. No sé puede dejar de pensar también que hace apenas unos meses el Emilio Carballido se adelantó y se trepo a una nube. ¿Quién podrá ocupar el lugar de estos maestros en el teatro nacional? No lo sé, creo que nadie con su voz, ni con su fuerza, pero dejemos que el tiempo responda esta pregunta, por ahora intrascendente.

Que los tres descansen con la paz que merecen.

DESPEDIDA

Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.

Alejandro Aura.

http://www.alejandroaura.net

¿Por qué cuando los escritores mueren siempre se dice que merecen una relectura? ¿vivos no vale la pena? ¿Por qué los homenajes cuándo el autor ya no puede sonreir de gusto? tomen su tiempo y releean a sus escritores favoritos (vivos), hay que valorarlos ahora que aún podemos estrecharles la mano.

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