Las antologías sin fortuna

Estaba dispuesto a hacer uan nota sobre estas antologías pero el amigo Jorge Goméz Jiménez de Letralia, ya tenía preparado algo desde hace tiempo así que se los comparto:

  

Editorial

Las antologías sin fortuna
Jorge Gómez Jiménez

Es común recibir con cierta frecuencia, a través del correo electrónico, invitaciones a participar en antologías que prometen reunir lo mejor de tal género o tal otro. No tenemos nada en contra de que las personas se ganen el sustento de cualquier manera legal, pero nos permitimos sugerir a nuestros lectores algunas líneas al respecto.A nuestro entender hay sólo dos tipos de antologías. En el primer tipo incluimos aquellas antologías realizadas por investigadores de prestigio (o, cuando menos, con una trayectoria comprobable de serios matices), auspiciadas por instituciones dedicadas al estudio y la investigación en las áreas humanísticas, y cuya exigente selección brinda al lector, su destinatario final, la seguridad de que está leyendo realmente lo mejor del género.

Normalmente, en la conformación de estas antologías los escritores sólo tienen que aportar su producción intelectual. El investigador se encarga de definir la línea editorial que dará a su antología y de detectar, mediante la evaluación propia y por referencias, qué autores han dado lo mejor de sí dentro de esa línea —esto es justamente lo que hace de la antología un trabajo honroso—, para finalmente entregar el conjunto a la imprenta, lo que por lo general se hace bajo el cobijo financiero de una institución humanística.

En el segundo tipo está todo lo demás, pero llamaremos la atención sobre las colecciones de textos —bautizadas por sus promotores como antologías— para cuya elaboración se exige un pago a los autores participantes. En algunos casos, estas antologías se realizan sin el apoyo de una institución ni bajo la dirección de un investigador de reconocido prestigio, y colectan sus textos mediante convocatorias públicas que se difunden por Internet y otras vías, en las que solamente se definen en detalle los aranceles y las formas de pago. En otros casos, promotores más cuidadosos hacen un mínimo trabajo de investigación: sólo el necesario para personalizar las convocatorias y darle a los autores convocados la impresión de que realmente sus textos han sido evaluados y merecen estar en una antología.

Las antologías de este tipo están condenadas al olvido por una razón simple: la calidad literaria. Al ser, en su mayoría, rasas colecciones de textos basadas en la intención de sus promotores de obtener de ellas beneficios económicos, carecen del rigor que en la evaluación de esos textos sí tienen las comentadas en los primeros párrafos de este editorial.

Una buena antología es aquella que ofrece, al lector del futuro, la posibilidad de hacerse una idea del panorama literario prevaleciente en el género y en el momento a los que se dedica la antología. Confluyen en ella la calidad de los autores incluidos y la calidad del trabajo de evaluación que tuvo necesariamente que hacer el antologista.

En cambio, las antologías que se construyen sobre la base del aporte económico de los escritores incluidos están incapacitadas de ofrecer tal panorama. La calidad de los textos que las conforman suele ser dispar y, en ciertos casos, insuficiente para ser considerados siquiera textos publicables. Ser incluido en una de estas antologías no tiene valor para la implacable lupa de la historia, pues equivale simplemente a pagar por ver el propio nombre impreso en letras de molde. Cuando un autor le paga al promotor de una antología para que lo incluya en ella, está haciendo el mismo esfuerzo, ni más ni menos, que si mandara a imprimir un lote de tarjetas de presentación.

Repetimos: no tenemos nada en contra de que las personas —en este caso los promotores de esas antologías sin fortuna— se ganen la vida de la manera lícita que se les ocurra. Pero nos creemos en la obligación de mostrarnos solidarios con nuestros lectores, muchos de ellos escritores de valiosa pluma: sólo el trabajo constante y dedicado les brindará la gracia de ser considerados por verdaderos antologistas con rigor investigativo.

 

http://www.letralia.com/105/editorial.htm

 

 

Un comentario en “Las antologías sin fortuna

  1. Pues a mí no me convencen ni unas ni otras.

    Sobre las antologías que más que antologías parecen suscripciones, vale: no hay nada qué decir. El olvido y ya.

    Las que vale la pena comentar son las otras, las antologías hechas por investigadores. Puede ser que sí, que el prestigio, la trayectoria, la experiencia, etc., del investigador avalen la calidad de la antología. Pero la dolorosa verdad es que el medio académico, en el cual el investigador se mueve, también es proclive a muchas patrañas que bajo el auspicio de la institucionalidad adquieren carta de ciudadanía y se ofrecen al ciudadano medio como si fueran el non plus ultra de la literatura. En realidad, bien puede ser que el investigador sea un señor con cuatro doctorados colgados en el pecho pero con un gusto pésimo para escoger sus lecturas. Porque la lectura es así, sí señores: subjetiva y libérrima, independiente de doctorados y currículos. Que no nos vengan con que sólo los señores académicos, los humanistas de toga y de birrete, están autorizados para poner los puntos sobre las íes. Si con eso quieren tranquilizar sus conciencias los críticos muy estudiados y dar a sus trayectorias un brillo que éstas no tienen, o si con ello quieren desquitar su sueldo los investigadores multipremiados con aspiraciones a un premio más (y a un aumento de sueldo), pues allá ellos. Pero yo me niego a aceptar que el porvenir de la literatura se reduzca a eso.

    Qué pedestre sería la literatura si después de admitir ser administrada, gestionada, catalogada, sintetizada, inspeccionada, deconstruida, correlacionada y certificada pretenda, sólo por eso, ostentar el derecho de pasar a la historia. La idea me resulta tan triste, tan trivial, tan vulgar…

    No me niego a las antologías. Pueden estar bien hechas, con sensibilidad y juicio. Pueden apostar por los autores correctos. Pero la verdad es que sólo el tiempo va a decir si tal o cual antología ha valido la pena. Curioso, paradójico destino para las antologías, cuya primera intención es precisamente tratar de dictarle -vano intento- las reglas al tiempo.

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