Paul Válery, el resucitado

El escritor francés vuelve a la vida poética

Iván Trejo

Monterrey,  México (17 abril 2010).-
El gran poeta nunca fue muy afortunado en las relaciones amorosas. A los 21 años, tras una desilusión, Paul Valéry promete alejarse de la poesía y nunca volverse a enamorar.

La primera promesa no le duraría mucho, pues el francés escribió ensayos hasta que en 1917, animado por André Gide, publica “La Joven Parca”, una de sus obras emblemáticas; “Álbum de Versos Antiguos”, en 1920; y en 1922, “Charmes ou Poèmes”, donde incluiría su poema más conocido: “El Cementerio Marino”.

Aunque él pasara su vida al lado de “su fiel compañera”, su esposa oficial, nunca estuvo enamorado de ella, y fue hasta los 67 años cuando rompe en definitiva la segunda promesa.

Jeanne Loviton era una abogada dueña de una editorial jurídica, crítica literaria y novelista que firmaba sus libros con un seudónimo masculino: Jean Voilier.

Loviton conoce a Valéry cuando hace contacto con él para estudiar su obra en 1938. Él cae profundamente enamorado de Loviton, quien tenía en ese entonces 35 años y era conocida en el escenario literario francés por su ligereza en el arrobamiento romántico, pues entre sus amoríos conocidos se encontraron Jean Giraudoux y Saint-John Perse.

Desde 1938, cada domingo sin excepción, se encontraban en el jardín de la casa de Auteuil. La musa en cuestión había devuelto la ilusión a un Valéry viejo y cansado que escribiría en esos días:

“Yo creí que estabas entre la muerte y yo. No sabía que estaba entre la vida y tú”.

La poesía había regresado en más de un millar de cartas que el poeta le escribió y cerca de 150 poemas a los que dividió en dos libros: “Corona” y “Coronilla”.

Así, durante poco más de siete años, Valéry se encuentra con su amante-musa. Sin embargo, el 22 de abril, Domingo de Resurrección, ella le informa que se casará con otro. Valéry escribiría sobre ese momento: “El día de la resurrección, que para mí fue el de la sepultura”.

La muerte que anuncia el poeta no sería metafórica. Muere tres meses después.

El editor Robert Denoël, que contaba en su catálogo con escritores de la talla de Antonin Artaud, Jean Genet, Nathalie Sarraute, Sigmund Freud y Louis-Ferdinand Céline, sería la razón por la cual Loviton dejaría a Valéry. No se casaron. El 2 de diciembre de 1945, cuando iban rumbo al teatro, se poncha una llanta, Loviton toma un taxi mientras Denoël cambia el neumático, instantes después es asesinado de un balazo.

La versión oficial del hecho acusa a la resistencia del crimen, ya que el editor apoyaba a la ocupación con panfletos antisemitas, muchos de ellos escritos por Céline.

Cécile, la esposa de Denoël, acusó a Loviton del asesinato. Antes de cumplir un año de la muerte de Denoël la editorial fue vendida en un 90 por ciento a Gaston Gallimard, la competencia más directa.

Al presentir su muerte, Valéry le hace llegar a Loviton todos los poemas a ella escritos. Al paso de los años, Loviton vendería “Corona” por medio de subasta, en 1979, y “Coronilla”, en 1981. El primero fue colocado en la Universidad de Austin y el segundo, en la Universidad de Keio (Japón).

Pasó mucho tiempo hasta que el editor Bernard de Fallois rescatara estos volúmenes y los editara en su lengua original en 1998, mientras que en castellano vieron la luz en un volumen los últimos días del 2009 por la editorial Hiperión, con la traducción de Jesús Munárriz, su fundador.

“Corona y Coronilla” sorprende por la alegría, soltura y madurez que alcanzan sus versos. Si bien puede que no sea el mejor libro de Valéry, sí servirá para redimensionar el corpus valeryano y ayudará a acercarse a un poeta que hasta hoy desconocíamos.

El amor más vivo es aquel por el cual el poeta está dispuesto a morir. Con Valéry se rebasa la metáfora.

PIEZA POÉTICA

Un poema de “Corona y Coronilla”, de Paul Valéry

Duración de un día…

Duración de un día sin ti, sin Ti, sin Nosotros, / sin que mi mano en tus rodillas / yendo y viniendo te hable a su manera, / sin que la otra en la melena / cuyas potentes crines adoro apretar, / frote amorosamente la cabeza que temo… / Duración de un día sin que nuestras frentes a las que todo acerca, / hasta la idea amarga y la sombra del reproche, / sin que hayan intercambiado nuestras frentes sus ojos, / los míos bebiendo los tuyos, tus hermosos misteriosos, / y en los míos los tuyos viendo luz y lágrimas… / Oh qué día tan largo… Me siento mal. No hay armas ya en mi espíritu / y si no estás aquí, junto a mí, la muerte / se me hace familiar y me muerde sordamente. / Estoy entre ella y tú; lo siento a cada instante. / Depende de tu corazón que viva o muera, / ahora lo sabes, si alguna vez dudaste / de que pudiera morir por la que amaba, / porque hiciste de mi alma una hoja que tiembla / como la del sauce, ay, que ayer juntos / mirábamos flotar ante nuestros ojos de amor, / en la ternura de oro del caer de la tarde…

 

22 de mayo, 1945

Fuente: http://www.elnorte.com/vida/articulo/555/1109189/

3 comentarios en “Paul Válery, el resucitado

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