Voz


Me gusta nadar en el mar

que siempre está hablando solo
con la voz monótona del viajero
que ya ni siquiera recuerda
cuanto tiempo lleva de viaje.
Adam Zagajewski

Si te cuentan que la voz del mar
es lenta y suave abraza los maderos para que canten
como el más viejo de los dioses/ como el más triste
de los hombres y esa voz de pronto desaparece lánguida
como ola que se recuesta sobre la arena/ con la rendición
de los extendidos brazos que arrojan una botella al mar
y se abandonan a la fortuna inexistente en una ola
que se alza y al bajar la mirada se lanza con furia
persiguiendo su propia sombra.

Si te cuentan que la voz del mar
viene de madrugada con la niebla cuando ya nada
es visible/ ni siquiera el eslabón de olas en calma
que se anuncia en un ronroneo frío/ como animal
que duerme abrazándose a sí mismo en la oscuridad
del sueño y nada es visible/ ni el barco aquel que delinea
el horizonte y nos ofrenda el sentido de la distancia/
cuando uno/ aquí a bordo se mece sobre una hamaca
de agua y olvida la firmeza de las palabras y lentamente
cae muerto en su propia levedad.

Si te dicen que el viento quedo
es la voz del mar y de los dioses
que ondulan bajo la quilla laminada que a lo lejos
parte la noche que se hace vieja y tirita en el horizonte/
ten en cuenta que todo eso
es cierto.

 

Poema publicado en el Suplemento Cultural Laberito # 547

y parte de la antología “Presagio contra el destierro”.

 

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